El cristal con que se mira

El cristal con que se mira



Uno nunca deja de sorprenderse con los resultados de los diferentes estudios sectoriales que se llevan a cabo con el mundo de la cirugía plástica y estética como protagonistas. Especialmente con los que tienen que ver con los efectos psicológicos que las intervenciones de estética provocan, no ya en el paciente que se somete a las operaciones, sino en los demás.

En este sentido, una reciente investigación que ha llevado a cabo el departamento de cirugía médica de la Universidad de Medicina de Georgetown ha demostrado que las mujeres que se someten a determinados procedimientos de cirugía estética tienden a ser más atractivas, femeninas y mejor consideradas socialmente a ojos de los demás.

De acuerdo con los responsables del estudio, más que en la inherente superficialidad de la sociedad moderna, este resultado se debe a la labor de miles de años de evolución del ser humano, que tiende a identificar ciertos rasgos de la personalidad con líneas de expresión facial.

Los encuestados tuvieron que examinar fotos de diferentes mujeres, algunas sometidas y otras no a operaciones estéticas, y calificar factores tales como el atractivo físico, la femineidad, así como habilidades sociales no necesariamente ligadas al aspecto físico exterior, tales como la extroversión, agresividad, confianza o la simpatía.

Las fotos de las mujeres que habían pasado por intervenciones de cirugía estética facial, generalmente obtuvieron mejores resultados en lo que respecta a la apariencia de femineidad, atractivo y habilidades sociales. De acuerdo con los responsables de la investigación, la cirugía de párpados es, probablemente, la intervención que más contribuyó a crear esa apariencia en terceros.

El estudio determina que los ojos tienden a ser una suerte de tarjeta de visita de nuestro rostro, que determina ese concepto tan esencial de cara a la imagen que los demás se hacen de nosotros y que, socialmente, se conoce como la primera impresión. Pensemos lo que pensemos de los resultados de este estudio en concreto, lo cierto es que vienen a demostrar aquello que la sabiduría popular sospechaba desde hace años. Y es que la cara es el espejo del alma (al menos según el color del cristal con que nos miran).